Los Problemas del Distrito 2

Mt. Jefferson

Una vida plena en las zonas rurales de Oregón depende de políticas que fortalezcan la economía, cuiden la tierra y prioricen la salud, el bienestar y las oportunidades de todos los residentes. Y cuando algunas personas atraviesan dificultades, todos pagan las consecuencias.

  • Cuando cierran algunos hospitales, todos pagamos.

  • Cuando los incendios forestales arrasan algunas comunidades, todos pagamos.

  • Cuando falta comida en algunas mesas, todos pagamos

  • Cuando los centros de datos en algunas comunidades contaminan el agua y elevan los precios de la energía, todos pagamos.

  • Cuando los precios de la gasolina se disparan, bueno… todos —y repito, todos— pagamos.

Con el tiempo, la gente se marcha. Las comunidades se vacían.

Muchos de los problemas que aquejan a las comunidades rurales se originaron a nivel federal, y es ahí donde deben abordarse; la medida más inmediata consiste en reducir las pérdidas humanas (18 vidas americanas perdidas y más de 600 heridos) y económicas (más de 100.000 millones de dólares) en Irán, así como en controlar los costos del combustible para nuestros agricultores y, francamente, para cualquier persona que conduzca, coma o haga compras. Incluso si la guerra terminara mañana, podría pasar un año entero antes de que los precios mundiales del petróleo —y los precios que pagamos en las gasolineras— desciendan a los niveles antes del conflicto. Algunas estimaciones prevén que podrían transcurrir muchos años.

El Congreso debe eliminar cuanto antes la ley HR 1 (conocido como Big “Beautiful” Bill) y restituir la enorme cantidad de fondos que quitó de los programas Medicaid y SNAP. Todos los miembros del Congreso que votaron a favor de esa ley —incluido Cliff Bentz— deben sentir mucha vergüenza.

También debemos restablecer el 40 % de los fondos federales evaporados que servían para la prevención de incendios forestales del Servicio Forestal del país antes de que sea demasiado tarde, así como recuperar los miles de puestos de trabajo perdidos debido a los despidos de 2025.

Asimismo, tenemos la obligación moral de hacer todo lo posible por apoyar a las familias jóvenes y a las personas mayores, especialmente a los hogares que tienen dificultades para llegar a fin de mes.

Es hora de que el Congreso recupere la autoridad que le corresponde para atender las necesidades de todos los americanos.

Todo cuesta demasiado. Todo.

Si sumamos los precios desorbitados de la gasolina y el diésel provocados por la guerra en Irán (que encarecen todo), las tarifas internacionales malamente acertadas sobre prácticamente cualquier producto que importamos, más los costos de vivienda, alimentos, servicios y todo lo que forma parte de nuestra vida cotidiana... la vida se está volviendo sencillamente más difícil.

Podemos empezar poniendo fin a la guerra y eliminando las tarifas, pero el problema es mucho mayor.

En localidades como Klamath Falls y Grants Pass, familias trabajadoras no pueden comprar una vivienda, y por ello los jóvenes se están marchando. Las viviendas económicas deben integrarse en los barrios comerciales y residenciales ya existentes, en lugar de dispersarse por las zonas periféricas, ocupando tierras agrícolas o forestales.

Esto es por lo que lucharé:

  • Ajustar las excesivas deducciones fiscales para casas de vacaciones y de lujo, y destinar ese ahorro a programas que ofrezcan financiación a bajo interés para quienes compran su primera vivienda en zonas rurales.

  • Reformar y aprovechar los programas federales de vivienda —como Community Facilities Program and Rural Housing Services  del USDA — para: 1) rehabilitar y apoyar edificios de servicios públicos y 2) priorizar condiciones de préstamo favorables para viviendas situadas en los distritos comerciales principales de nuestros pueblos pequeños o en sus inmediaciones.

  • Apoyar a las universidades con concesión de tierras (*land-grant universities*) —o a cualquier universidad pública— para financiar residencias para personas mayores (de ingresos bajos y moderados) dentro o cerca de los campus, atendidas por profesionales capacitados y estudiantes. Implementemos un proyecto piloto en Eastern Oregon University, Southern Oregon University y en uno de nuestros campus de colegios comunitarios.  

Acceso a servicios médicos de calidad y confianza es parte vital de la vida en el medio rural.

Debemos eliminar de inmediato la ley HR-1 —conocida como Big Beautiful Bill—, ya ​​que está teniendo efectos devastadores en la atención médica de las zonas rurales. Para los habitantes de estas áreas siempre ha sido difícil el acceso incluso a servicios básicos de salud y bienestar —por no hablar de servicios de emergencia viables—, y la situación está empeorando.

El proyecto de ley promete cortes drásticos en Medicaid, un programa vital para casi el 40 % de los residentes del Distrito 2, incluidos más de la mitad (¡el 55 %!) de los niños de la zona. Sin embargo, en realidad estos cortes perjudican a todos, pues los hospitales y las clínicas dependen de los reembolsos de Medicaid para sobrevivir y, sin esos ingresos, tendrán dificultades para mantenerse abiertos.

¡Además, este proyecto de ley ha hecho que los ‘premiums’ de quienes tienen planes del Mercado de Seguros Médicos se disparen!

Encontraré aliados en el Congreso, de ambos partidos, que deseen reformar la atención médica y estabilizar los servicios de salud rurales. Gracias a legisladores como mi amigo, el fallecido senador Alan Bates, y el gobernador John Kitzhaber, Oregón ha sido pionero en un sistema de salud transformador que ofrece servicios básicos a la vez que controla los costos; deberíamos hacer lo mismo a nivel nacional.

Algunas ideas para fortalecer el sistema de atención médica en las zonas rurales incluyen:

  • Implementar gradualmente una opción de atención pública accesible para todos que cubra los servicios preventivos y tratamientos más esenciales. Es una medida que debió haberse tomado hace mucho tiempo.

  • Utilizar la Ley Agrícola (*Farm Bill*) para promover opciones de alimentos saludables y reasignar los subsidios gubernamentales a fin de priorizar la variedad y que sean fácilmente accesibles.

  • Motivar a médicos y enfermeros para que vivan y ejerzan en zonas rurales, y además brindar un mejor apoyo a la red de clínicas comunitarias existentes en las áreas rurales de Oregón.

Impulsar nuestras economías agrícolas y de recursos naturales.

Las políticas imprudentes y arbitrarias impuestas por el presidente Trump han golpeado duramente a las economías rurales. Esto ha causado la pérdida de mercados de trigo y fruta en el extranjero (causada por las tarifas), ausencia de trabajadores y sus familias que han pasado a la clandestinidad, y el costo exorbitante del diésel y los fertilizantes debido a la guerra con Irán, en corto, el daño que estas medidas han hecho no se revertirá rápidamente.

Además de eliminar las tarifas y buscar un enfoque sensato y bipartidista para la inmigración legal, propondré ideas para reorientar los programas federales existentes.

Yo quiero:

  • Apoyar y preservar nuestras tierras productivas —granjas, ranchos y bosques— para su aprovechamiento económico para las generaciones venideras. Una forma de lograrlo es ampliar programas federales de eficacia comprobada, como el “Agricultural Conservation Easement Program” (ACEP) y el “Land and Water Conservation Fund” (LWCF).

  • Crear un cuerpo de servicio rural: equipos de trabajadores jóvenes y profesionales de mediana carrera dedicados a labores al aire libre, presentes en cada condado rural y enfocados en rehabilitar y cuidar nuestros bosques y cuencas hidrográficas. (Visualizo equipos similares contribuyendo al bienestar y la dignidad de nuestra población mayor, así como ayudando a los niños a aprender a leer para cuando lleguen a tercer grado). Se tratará de empleos bien remunerados y con prestaciones que la inteligencia artificial (AI) no puede desempeñar; además, los miembros de estos equipos se convertirán en residentes, consumidores y pilares familiares fundamentales para nuestras comunidades.

  • Reforzar USDA’s Beginning Farmer and Rancher, con el fin de ayudar a los jóvenes a iniciar sus carreras en agricultura, silvicultura y ganadería. Necesitamos que el gobierno financie más adquisiciones de tierras agrícolas y amplíe la capacitación a través de instituciones educativas con programas de extensión agrícola (*land-grant institutions*) y colegios comunitarios.

Las artes impulsan nuestra economía rural de una manera que, con demasiada frecuencia, no se valoran lo suficiente.

La administración de Trump ha desmantelado nuestros programas culturales federales y las colaboraciones con entidades locales dedicadas al arte y la cultura. Sin embargo, nuestro congresista no ha dicho nada y parece no importarle nada la pérdida del pulso artístico de nuestro estado.

Los habitantes de las zonas rurales de Oregón valoran enormemente las actividades artísticas y culturales. El singular y reconocido a nivel nacional Shakespeare Festival in Ashland, el cercano Britt Festival en Jacksonville, Pendleton Roundup, Rodeo Chief Joseph Days, el encuentro Nez Perce Tamkaliks en Wallowa y Bluegrass Festival en Fossil- son todos tesoros que se remontan a generaciones atrás. Los sencillos murales callejeros y los programas artísticos de nuestras escuelas públicas —impulsados ​​por maestros dedicados que inspiran a nuestros niños— también contribuyen a definir la cultura de la zona rural de Oregón y enriquecen nuestras vidas.

Durante seis años representé al USDA como parte de un consorcio nacional de filantropía destinado a apoyar inversiones en las artes a nivel local y a defender los intereses de las comunidades rurales. Fui un firme defensor de las artes cuando formé parte de la Legislatura de Oregón y haré lo mismo en el Congreso.

Dos ideas que he tenido desde hace tiempo y que me gustaría impulsar en el Congreso son:

  • Ayudar al Servicio de Parques Nacionales a pensar en grande. Me gustaría financiar la construcción de un nuevo albergue emblemático y hermoso en Crater Lake, edificado por trabajadores locales e impregnado del espíritu de los artistas y las tradiciones de la zona. Imaginen algo como el Timberline Lodge, pero adaptado al siglo XXI. Y, ya que estamos, debemos restaurar el histórico y amenazado Oregon Caves Chateau, recientemente incluido por el National Trust for Historic Preservation en la lista de los 11 lugares en mayor peligro de desaparición de Estados Unidos.

  • Crear un nuevo programa federal que permita a las universidades land-grant (designadas como tales por el USDA) establecer una red de espacios que combinen vivienda y taller para artistas en los lugares principales de las zonas rurales, tanto en Oregón como en todo el ámbito rural del país.